Por una lucha salarial a nivel europeo


La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó a finales de noviembre su Informe mundial sobre los salarios, actualizado a los datos de 2017. El resumen es que en el año en cuestión el incremento salarial a nivel mundial ha sido el más bajo desde 2008, a pesar de la recuperación económica en marcha y de un índice de paro a nivel mínimo. 
Según un estudio UBS sobre 48 países entre países desarrollados y emergentes, el índice de desocupa­ción, de hecho, ha bajado del 8% de 2010 al 5,2% del septiembre de 2018, «el nivel más bajo desde el 5% de 1980» (Financia/ Times, 6 de diciembre). 
En la euro-zona está en el 8,1 %, el más bajo desde 2008, el año en que empezó la crisis. Y entonces ¿por qué, en estas condiciones en el mercado de la fuerza de trabajo, no ha empezado de nuevo el crecimiento salarial? Es el enigma que intentan descifrar desde hace tiempo centros de gobiernos y bancos centrales.

Las dos caras de la dinámica salarial 

El dato mundial proporcionado por la OIT-habla de un incremento de los salarios reales brutos mensuales de un 1,7% en 2017, que sin embargo baja al 1,1 si se excluye a China. El aspecto más interesante del report se refiere precisamente a las diferentes dinámicas entre áreas geográficas y económicas. Si hablamos siempre de 2017, los salarios en los países avanzados se han quedado prácticamente iguales (+0,4%), mientras que en los países emergentes han subido un 4,3%. El papel de Asia es decisivo: la que arrastra, de hecho, es China (+5,6%), seguida de la India, Tailandia y Vietnam. 
Ampliando la mirada a las casi dos décadas 1999-2017, y examinando los países miembros del G20, la diferencia aparece aún más notable: en los emergentes, los salarios se han multiplicado por tres, mientras que en los avanzados el incremento ha sido solo de un 9%. Parcialmente, estos porcentajes reflejan el diferente nivel de partida, pero solo en parte: hoy los salarios medios mensuales, calculados a paridad de poder adquisitivo, en los países emergentes del G20 están valorados en la mitad de los de los países avanzados; sin embargo, en 1999 eran un sexto. 
Es el frente salarial de las dos fases de la socialdemocratización, la ascendente en las nuevas economías y la descendiente en las viejas metrópolis. 

Los salarios de la nueva fase estratégica

Philippe Marcadent, uno de los redactores del informe de la OIT, propone estas explicaciones para el bajo incremento salarial en los países avanzados: «une, competencia internacional intensificada y la incertidumbre que pesa sobre las empresas y las impulsa a limitar los costes» (Figaro, 27 de noviembre). 
Podemos reconocer en esto las recaídas en la nueva fase estratégica, que modifica las relaciones, no solo económicas, entre las viejas y las nuevas potencias, acentuando los factores de incertidumbre sobre todo en las viejas. Lo encontramos aquí en la insistente solicitud de "flexibilidad" por parte de las empresas, que se traduce en precariedad para los trabajadores asalariados: de hecho, entre los motivos alegados por la OIT para explicar salarios inadecuados a la dinámica económica se menciona el «creciente número de empleados part-time y de diferentes formas de empleo». Es decir: la economía se está recuperando y la ocupación seguramente ha aumentado, pero en formas más inestables y parciales.
Otro factor indicado para explicar la insuficiente adecuación salarial es 
«la disminución de la fuerza sindical y de la cobertura de la negociación colectiva». 
Éste también es un aspecto de la fase descendente en las metrópolis en declive relativo, según analizamos en el número anterior de este periódico (Psicologías sociales y medios de comunicación en el nuevo ciclo político). 
Si los treinta años del desarrollo de la posguerra vieron «grandes partidos» y «grandes sindicatos» al lado del Estado «como instrumentos para gestionar el compromiso social», a partir de los años Ochenta la difusión de las ideologías del «individualismo propietario» se combina con el «redimensionamiento de ese sistema de partidos y organizaciones de masa». El Economist ( 17 de noviembre) registra precisamente en este periodo el descenso del índice medio de sindicalización en los países de la OCDE, de más del 50% en los primeros años Ochenta a un 18% actual.

Descenso sindical: el caso francés 

En Francia, el dato ha caído al 11 %, y está en el 9% entre los treintañeros. En las elecciones de los delegados en el sector privado la participación ha bajado al 43%, y no hay elecciones en el 40% de las empresas por encima de los 11 trabajadores (Fígaro, 27 de noviembre). 
También en las últimas elecciones en el sector público la participación se ha colocado por debajo de la mitad, al 49,8%. Pero aquí la noticia es que la CGT, aunque se haya mantenido en el primer puesto, ha tenido un descenso tan importante que, sumado al mismo del sector privado, ha dado a la CFDT.
el récord nacional: una «ruptura histórica» (Les Echos), un «momento bisagra» (Le Monde). Sin duda alguna es una derrota del ala maximalista, y se ve como un éxito del sindicato más responsable y "participativo". Queda el hecho de que, en la general tendencia al descenso, «nadie tiene razón para alegrarse» (Le Monde, 13 de diciembre). 
Sin embargo, desde el punto de vista salarial, hay dos Europas, tanto por los niveles como por la dinámica. Si en 2017 los salarios en la parte occidental no se movieron, en'la oriental aumentaron un 5%. 

El Asia interna de la UE

El periódico Die Zeit del 15 de noviembre hace una encuesta sobre las fábricas textiles en Bulgaria. Fija su atención sobre la PirinTex, en el Suroeste del país, donde dos mil obreros, muchas de ellas mujeres, producen cada semana 12.000 piezas, destinadas sobre todo a las grandes finnas de moda en Alemania, lo que explica también el interés del periódico alemán.
Se trata de \,ma pequeña parte de los casi 200 mil obreros textiles presentes en Bulgaria, que en este sentido cum­ple una función de "Asia interna" de la UE. Escribe el semanario: «Esta.fábrica no estaría aquí si los salarios en Bulgaria no fuesen los más bajos de la Unión Europea». Del report de la OIT resulta que, según la oficina estadística búlgara, el salario medio en el país corresponde a 550 euros, pero según la Zeit la mayoría de los obreros textiles percibe solo el salario mínimo, equivalente a 260 euros brutos: «En relación con el coste de la vida. los salarios son incluso más bajos que en Asia». Por otro lado, los datos reunidos por la OIT dicen que en China el nivel medio es de 790 euros. 
Hay que hacer un par de reflexiones. La primera es que el desarrollo asiático ha transformado parte de ese continente de emergente a definitivamente emergido, a partir de China: ciertas ventajas salariales (el tan temido dumping) se están reduciendo. La segunda es que algo parecido podrá ocurrir también para la "China interna" de la UE: la Zeit pone en evidencia el hecho de que los bajos salarios inducen a la emigración (1,5 millones de búlgaros emigrados desde 1990, muchos a Alemania), hasta tal punto que ahora faltan obreros, lo que impulsará el aumento de los salarios, como ya ha ocurrido en los demás países de la Europa del este. 
En Hungría el gobierno antiinmigración, para afrontar la carencia de mano de obra, sube el límite legal de las horas extra anuales de 250 a 400, suscitando la reacción de los trabajadores contra la que ha sido denominada «ley esclavitud».

Unidad de clase

Una observación que podemos hacer sobre el informe de la OIT es que entre los factores que mantienen bajos los salarios medios no se toma en consideración la segregación salarial en la cual se encuentran los trabajadores inmigrantes, cuota cada vez más notable en los países avanzados. En cambio, por lo menos en Italia, ya hemos podido detectar un gap del 26% medio, y del 9% en el cumplimiento de tareas idénticas. Esta es una motivación aún mayor para la lucha por la paridad salarial de los trabajadores inmigrantes.
De todos modos, merece la pena hacer hincapié en el comentario conclusivo del director de la OIT Guy Ryder: «Los salarios estancados son un obstáculo al crecimiento económico y al aumento de los niveles de vida. Los países tendrían que explorar, con sus partner sociales, los medios para alcanzar un crecimiento salarial duradero desde el punto de vista económico y social» (Figaro, 27 de noviembre).
Muy importante: dejando a un lado las ilusiones "de concertación", la recuperación salarial es un problema que los sindicatos tendrían que plantearse a nivel continental: también por esta razón es necesario un sindicato europeo.


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