Crónicas de la Ruta de la seda


Pekín debate su proyección imperialista

Según Walter Russell Mead, «fue Lenin y no Tucídides quien previó el desafio frente a China: lo llamó "imperialismo "y dijo que conduce al colapso económicoy la guerra». El historiador norteamericano sostiene que «el problema principal de China no es la resistencia de los EE.UU. a su ascenso». Sino que «las dinámicas internas de su sistema económico obligan a sus go­bernantes a elegir entre ajustes económicos desestabilizadores y lacerantes.
o una política de desarrollo expansiva que conduciría al conflicto y aislamiento externo».
«Len in pensaba escribe Mead en el Wall Street Journal- que los países capitalistas en la posición de China fueron condenados a una serie de guerras y revoluciones». 
Pero responde: «Afortunadamente. Lenin estaba equivocado. Setenta años de historia occidental después de la Segunda Guerra Mundial muestran que, con las políticas económicas correctas, una combinación de poder adquisitivo creciente y una integración económica internacional, pueden trascender las dinámicas impe­rialistas del siglo XIX y principios del XX». 
Mead concluye que «si China no aprende de estos ejemplos. permanecerá atrapada en la "trampa de Lenin donde la estrategia para la estabilidad interna produce una coalición antichina cada vez más potente en el mundo».

Las trampas de la potencia

Mead debe desnaturalizar la concepción leninista para atacar ideológicamente a China. En la mayor confusión teórica, no puede verificar científicamente la entrada del Dragón en la fase imperialista, de lo contrario debería incluir a las viejas potencias. Por lo tanto, reduce, a la manera kautskiana, el imperialismo a una política que obliga a Pekín a elegir entre las reformas y la expansión exterior. Escribe que «la Ruta de la Seda.fue proyeétada para sostener una continua expansión en ausencia de reformas economicas serias». No ve que el reformismo es necesario precisamente para la expansión. 
Tomamos nota de la novedad: del viejo imperialismo norteamericano ataca al nuevo imperialismo chino, y lo hace regresando a los conceptos de Lenin, aunque mistificados. 
El ataque del Wall Street Journal es parte de las variantes ideológicas con las cuales las viejas potencias están reaccionando a la iniciativa china. Philip Stephens, editor político del Financial Times, escribe que «el estatus de gran potencia» puede tener sus «trampas».
Convertirse en una gran potencia implica la reacción de las otras. Las élites políticas chinas se sorprenderían, pero deben culparse a sí mismas por haber abandonado demasiado rápido la vieja línea del «bajo perfil». Xi Jinping celebró el ascenso chino; el Ejército se mostró en el Mar de China Meridional; la Ruta de la Seda constituye «puntos estratégicos» en Asia y África; las inversiones en Europa Oriental preocupan a Berlín y Bruselas. 

No está claro hasta qué punto Stephens considere que China habría podido seguir disimulando su ascenso. El Financial Times se basa en aquellas corrientes chinas que hacían resistencia a una política exterior demasiado abiertamente ambiciosa. 

Transformación del ascenso pacífico 

Elizabeth Economy, directora del área de Estudios de Asia en el CFR norteamericano, cita las reservas de Wu Jianmin, quien fue embajador de China en Francia, miembro del comité asesor del ministerio de Asuntos Exteriores y presidente de la Universidad de Asuntos Exteriores de China (The Third Revolution, 2018). Según la Nikkei Asian Review de· Tokio, Wu fue parte, junto con el teórico del «ascenso pacífico» Zheng Bijian y la directora de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso chino Fu Ying, del grupo de las «palomas» que aconsejaban a Xi Jinping, oponiéndose a Yan Xuetong, rector del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Tsinghua y defensor de un realismo más asertivo. 

En 2016, Wu Jianmin se había enfrentado con Hu Xijin, editor jefe del Global Times, acusándolo de seguir una línea editorial «demasiado agresiva» (lotta Comunista, abril de 2016). La Economy aúna la posición de Wu a aquella de Wang Jisi, otro exponente del viejo partido del «ascenso pacífico», más cauteloso en la relación con los EE.UU. Wang fue rector de la Escuela Internacional de Negocios de la Peking University y, de hecho, fue uno de los primeros en apoyar la transformación de la vieja escuela de «bajo perfil» (lotta Comunista, abril de 2011 ). Por lo tanto, la discusión es sobre las fonnas y sus tiempos con los cuales Pekín está obligada a enfrentar el cambio en las relaciones de poder. 

Un diálogo sobre el mundo 

En el "Foro Mundial por la Paz" de la Tsinghua, se confrontaron Yan Xuetong y Fu Ying. Yan considera tres posibles configuraciones internacionales unipolar, bipolar y multipolar pero en realidad sugiere la perspectiva de potencia de China a medio y largo plazo. Dice que el sistema de Estados más favorable varía según la «ifúerza efectiva china»: «Si nosotros fuéramos los más poderosos, entonces el unipolarismo seria el más preferible. Además de esto. ser una de Las dos potencias bipolares es mejor que ser una de las potencias multipolares. pero también es mejor que estar en una configuración bipolar dominada por otra potencia».
Yan Xuetong anima la discusión al excluir, «en Los próximos cinco años»,
una guerra mayor entre los EE.UU. y China, agregando dos notas. Una, «el conflicto puede tomar otras formas. como disputas comerciales o financieras». Dos, «la guerra de la que estoy hablando no es una guerra por procuración. como aquella que EE.UU. y Rusia están combatiendo en Siria». En cambio, Fu Ying parte de tres consideraciones sobre las relaciones de poder, ciclo económico y cuestión militar para llegar a conclusiones di fertntes: «Se reconoce ampliamente que. en el futuro. ninguna gran potencia podrá dominar el mundo e incluso la más poderosa deberá cooperar con las otras». Según la diplomática, «la política global de poder está más fragmentada que nunca», pero el actual orden mundial «aunque si es defectuoso. sigue siendo apoyado ampliamente por la comunidad internacional». En el plano económico, «a pesar del proteccionismo creciente. es improbable que la globalización se invierta». Por último, «a pesar de que la situación es compleja. ningún país quiere resolver los problemas con una guerra a gran escala». 

Fu Ying presenta su libro, A dialogue with the ,vorld, que será publicado en inglés. Dice que «a los EE.UU. le preocupa cada vez más que China amenace su dominio. A Pekín le preocupa que Washington busque contener el desarrollo chino. Estos malentendidos se reflejan en muchos campos. incluido el comercio». Concluye que «es importante que China [...] evite una nueva acumulación de malentendidos»: «los chinos deben aprender a persuadir a los demás».

Trampa de la persuasión

Shi Yinhong, del Centro de Estudios Americanos de la Universidad Renmin, es según le Monde uno de los defensores de la prudencia, viendo el riesgo de una sobreexposición estratégica en la Ruta de la Seda. Según Economy, está entre los críticos del «fervor unilateral» chino. Shi ha solicitado que Pekín asegure que los proyectos de la Ruta de la Seda se implementen colectivamente, para evitar la reacción de los demás países. También es críticó Zhang Junhua, de la Universidad Jiao Tong de Shanghái. Sostiene que «el neomercantilismo chino carece de sensibilidad cuando afronta ciertas cuestiones en los países de acogida» e indica el caso del Corredor Económico Chino Pakistaní (CPEC) como ejemplo principal.
Después de Malasia, Pakistán también ha solicitado la revisión de algunos proyectos chinos. El caso ha explotado este verano, cuando el nuevo Ejecutivo de Imran Khan ventiló la solicitud de una ayuda del Fondo Monetario Internacional para hacer frente a la crisis de la balanza de pagos y el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo solicitó que el FMI no intervenga si esto significaba un rescate de los acreedores chinos. Para el Financial Times es la ocasión para pedir que Pekín lleve los libros de contabilidad de la Ruta de la Seda al FMI. Para Maurice Obstfeld, jefe economista del FMI, los proyectos en Pakistán deben ser «sólidos». 
La entrada del FMI puede internacionalizar las tensiones en uno de los principales terrenos de inversión de la Ruta de la Seda. Alice Ekman, responsable de China en el IFRI de París, escribe que la intereependencia económica con los países de la Ruta de la Seda no relajará necesariamente las tensiones políticas (La Chine dans le monde, 2018). Según ella, China se mueve en Asia con pragmatismo, «por grados de oportunidad», tanteando el terreno y probando las reacciones en el sistema de alianzas. Precisamente, la cauta «ambigüedad» de Pekín de termina reacciones de sospecha sobre las intenciones chinas en otros países: cuanto más trata de persuadir China, los demás se preguntaban por qué.

Nuevo frente ideológico

Jean-Pierre Cabestan sostiene que existen las condiciones para una dinámica análoga también en África. Cabestan es sinólogo en el CNRS de París, colabora con el Centro Asia de Francois Godement y enseña en la Universidad Baptista de Hong Kong. En Le Monde indica algunas posibles regularidades en los países embestidos por la Ruta de la Seda. La iniciativa china se introduce en los vinculos existentes, por lo tanto, siempre hay una relación con las otras potencias. Además, el peso de China entra necesariamente en las luchas políticas internas, con la formación de "partidos chinos" y el consiguiente despertar de los partidos adversarios, norteamericanos, europeos, japoneses, etc. Para Cabestan, la Ruta de la Seda «no es neocolonialismo. sino una nueva forma de hegemonía. quizás imperialismo: que pasa por comercio. préstamos. diplomacia y cooperación militar». 
Jamil Anderlini escribe en el Financial Times. que las relaciones de los países emergentes «han sorprendido genuinamente a los funcionarios chinos, que estaban acostumbrados a pensar en China como una víctima de la agresión colonial imperialista». Considerándose aún «antimperialista», Pekín no podría apreciar completamente los efectos psicológicos de su proyección en esos mismos países afroasiáticos a los que una vez se dirigió la ideología maoísta del frente unido. 
Mead escribe que «muchos analistas esperaban que cuando la economía china madurara, el país se volvería más similar a los EE.UU. Europa y Japón». 

Es precisamente lo que sucedió, se puede objetar. El imperialismo es un fenómeno mundial. También sus ideologías tienen una regularidad histórica.