Vendas nacionales en los ojos

Los que no ven «lo evidente a nivel nacional», y no miran al mundo, están condenados a acabar «en los márgenes». Lo ha dicho la canciller alemana Ángela Merkel: hay que aprender de los máximos representantes de la clase dominante, sopena de seguir siendo sus esclavos. El viejo orden mundial se está deshilachando. Nuevos colosos, como China e India, se afirman como potencias globales. Estados Unidos difunde incertidumbre, la nueva doctrina America First debilita las alianzas tradicionales, en Europa y en Japón. Gran Bretaña ha tomado el camino del Brexit en las peores condiciones, con Theresa May fustigada por la apuesta electoral perdida. Posiblemente, Londres busque un compromiso que salve la permanencia en la unión aduanera y en el mercado único, pero la debilidad del aislamiento aterra a la City y al Banco de Inglaterra, ante el espectro de retorno de los años Setenta. La UE ha elegido la contraofensiva. Los plenos poderes conquistados por Emmanuel Macron a paso de carga relanzan el eje franco-alemán, la defensa europea y la integración de la federación del euro. 

Entonces, ¿qué hay que aprender? Primero, hay que conocer los acontecimientos mundiales. Si se mueve el imperialismo europeo, y busca su autonomía estratégica, es porque el imperialismo chino ya está entre los jugadores mundiales, mientras que el imperialismo americano amenaza con arreglársela por su cuenta. Segundo, hay que conocer las clases mundiales. Si la clase dominante en Europa se organiza en los poderes europeos, es vital para los trabajadores pensar de modo europeo para pensar de manera mundial. Miremos la catástrofe de la gauche parlamentaria en Francia, aniquilada en los viejos feudos del PS o reducida a una patrulla que se hace eco desde la izquierda del soberanismo del Front National. Se sueña con un nuevo turno social, la par­tida de retorno a las plazas cuando Macron imponga con sus ordenanzas las liberalizaciones y la reforma del trabajo. La oposición a la reestructuración europea es sagrada, pero el desquite de la plaza es un viejo mito del maximalismo y un sucedáneo del parlamentarismo, si no comprende los verdaderos términos de la confrontación. Una lucha de defensa es posible, aunque al precio de tejer con paciencia una orientación y recomposición de las fuerzas. Y tendrá sentido solo comprendiendo que el campo de batalla es el de Europa. Precisamente, sin «vendas nacionales en los ojos». 


En su relación anual, el gobernador de Bankitalia ha certificado la mejoría en la ocupación en los últimos dos años, efecto también, en Italia, de la reactivación económica ya efectiva, además de las generosas detracciones contributivas prodigadas por el gobierno. Es una dinámica continental, que induce también al Banco Central Europeo a una profundización. 
Un artículo del Boletín económico del BCE de mayo, de hecho, busca la res­puesta a una aparente paradoja: ¿cómo es que la neta bajada de la desocupación en la eurozona no se traduce en un aumento igual de neto de los salarios? Desde que comenzó la Unión monetaria, a una relativa carencia de mano de obra ha acompañado siempre una presión salarial más sostenida: ahora esta correlación parece haberse interrumpido.

Exceso de oferta

Desde 2013, explica el estudio, los ocupados en la eurozona han aumentado en 5 millones, compensando casi totalmente las pérdidas ocupacionales de la crisis en los cinco años precedentes. ¿Entonces, por qué los salarios no aumentan? La respuesta se encuentra en un «exceso de oferta en los mercados de trabajo» superior a lo que registra el nivel de desocupación. Es decir: este nivel, hoy en el 9,5% de las fuerzas de trabajo, omite algunas figuras sociales con un peso cuantitativo no secundario. 
En efecto, está calculado considerando a quien no tiene un empleo pero lo está buscando activamente y está disponible a iniciar un trabajo en un plazo de dos semanas: los que no satisfacen estos dos últimos criterios son considerados "inac­tivos" y, por lo tanto, excluidos del cómputo de las fuerzas de trabajo; o sea, ni siquiera se encuentran entre los parados. 
Sin embargo, la realidad social tiene más caras. Una cuota evaluable en casi 3,5 puntos porcentuales de la población en edad de trabajar no está buscando un empleo o no está disponible a trabajar en tiempos breves, pero no por esto es absolutamente no disponible al trabajo, es decir, "inactiva": más bien es una «potencial.fuerza de trabajo adicional», y según los analistas del BCE, hay que incluirla entre los parados. 

En el polo opuesto, otra cuota de aproximadamente el 3% está ocupada, pero a tiempo parcial aunque quisiera trabajar.full-time: desde hace más de diez años esta forma de ocupación está en aumento y abarca hoy a 7 millones de personas en la eurozona, un millón más con respecto al inicio de la crisis. 
El resultado es que, en resumidas cuentas, ese 9,5% de desocupación oficial tiene que ser casi duplicado a una cifra entre el 15 y el 18% de las fuerzas de trabajo, y eso determina ese «exceso de oferta» capaz de motivar la falta de presión salarial. 

El peso de la reestructuración europea 

¿ Eso es todo? ¿ e trata solo de factores "objetivos", una dinámica de mercado contra la cual no hay nada que hacer, lo que frena lo salarios? Sin duda, este es un elemento decisivo, si bien el propio boletín del BCE aclara en una nota a pie de página que no se puede negar la importancia de otros factores. Entre estos, «también las reformas estructurales en los mercados de trabajo y en los sistemas de negociación salarial». Una admisión importante, vista la fuente, que cancela la "narración" de todos estos años: la flexibilidad y las nuevas formas de negociación, precisamente las «reformas estructurales» presentadas como la clave de la reactivación económica, no han sido a coste cero para los trabajadores; no son un alivio sino un peso que se agrega sobre sus espaldas. Es una consideración que hay que anotar, porque esta es la reestructuración europea para los asalariados. 

Las "ordenanzas" de Macron presionan a los sindicatos 

Hoy los problemas de la reestructura­ción europea son el "arsenal" en el que se ha puesto manos a la obra el nuevo presi­dente francés, Ernmanuel Macron. El go­bierno de Édouard Philippe ha detallado tiempos y métodos de la intervención: en julio se votará en el parlamento la "ley de habilitación", que definirá el campo de acción pero no el contenido específico de cada una de las "ordenanzas"; estas serán escritas por el gobierno durante el vera­no y, antes de final de la temporada (21 de septiembre), serán operativas con un voto de ratificación parlamentaria. 
Tiempos y métodos expresan una evidente presión sobre los sindicatos. Estos, de hecho, no tienen la posibilidad de rechazar el método: se les recuerda de que precisamente con las ordenanzas el presidente. Francois" Mitterrand::introdujo en 1982 la ley que reducia el horario de trabajo a 39 horas y la edad de jubilación a 60 años.
Ls última trinchera está entonces sobre los tiempos, en el intento de desvincularde la canícula estival (y de las vacaciones)la fase de la "concertación" prevista por la ley Larcherde 2007.

A lo largo de este recorrido, no se puede excluir alguna concesión formal, aunque el gobierno ha entregado a las partes sociales una roadmap con plazos muy bien establecidos para la discusión, sobre temas bien definidos. Se organizarán 48 encuentros, seis por cada organización sindical y patronal: la primera convocatoria, del 9 al 23 de junio, ha tratado la cuestión fundamental del papel de la negociación de empresa, que el gobierno quiere hacer prioritaria; del 26 de junio al 7 de julio se hablará de las formas de representación, es decir, una fusión de las diferentes estructuras representativas de los trabajadores en las empresas; finalmente, desde el 10 hasta el 21 de julio, toca otro tema candente, a saber, el techo a las indemnizaciones de despido improcedente, que el gobierno quiere definir de una vez por todas y no dejarlo a discreción de los magistrados del trabajo. 

Hartz al estilo francés

Por este camino, Macron está em­pujado por la fuerza del imperialismo europeo, y de la leadership alemana en particular. Las Recomendaciones publicadas por la Comisión Europea el 22 de mayo contienen explícitas refencias a la necesidad de afrontar la reforma del código del trabajo. La ministra de Trabajo, Muriel Pénicaud, antigua directora de personal en Danone, advierte después de que esa es solo la primera y más urgente reforma programada; les seguirán otras: la indemnización de desocupación, la formación profesional, el aprendizaje, la de contribución, las pensiones. La comparación con las "leyes Hartz" que han marcado el tiempo de las reformas en la Alemania de comienzos de siglo es inmediata. Y es significativo que hoy se recuerden los vínculos entablados desde hace años entre el presidente Ma­cron, su ministro de Economía, Bruno Le Maire, y el propio Peter Hartz, cuyas leyes siguen siendo el borrador de referencia para todas las reformas del mercado de trabajo que se están discutiendo en Europa. El Corriere della Sera (29 de mayo) llega a formular la hipótesis de un papel para Hartz como «garante de nivel» para la credibilidad del reformismo francés, vistas las oscilaciones que han caracterizado los intentos del pasado.

La Europa de los trabajadores siderúrgicos 

La reestructuración es europea: vale también para los siderúrgicos de Ilva, a punto de entrar en el grupo ArcelorMittal, el primero del mundo. Frente a esta realidad, la perspectiva de un sindicato europeo no puede seguir siendo un puro deseo, sino que tiene que concretarse. 
Este es el significado del encuentro . organizado el 12 de junio por la FIOM de Génova entre delegados de Ilva y de IG Metall de ArcelorMittal de Bremen y ThyssenKrupp de Duisburgo, en presencia del responsable para la siderurgia del sindicato alemán. El comunicado conclusivo resume: «La reestructuración europea en marcha crea una interdependencia objetiva, una combinación de instalaciones que se condicionan y se condicionan y se influyen entre si. Paralelamente tambien la actividad sindical, las luchas locales, hasta llegar a las condiciones europeas entre si» .

La acción sindical debe ser consciente y, por esto, se ha promovido la constitución de «una Coordinación formada por los delegados de fábrica [que] tiene la función de contribuir a acelerar la formación de un verdadero sindicato europeo». 
No nos ilusionemos, un socialimperialismo europeo marchará también sobre las piernas de un sindicato continental. Sin embargo, para los leninistas es también una apertura en la construcción de la oposición proletaria al imperialismo europeo. 

No nos ilusionemos, un socialimperialismo europeo marchará también sobre las piernas de un sindicato continental. Sin embargo, para los leninistas es también una apertura en la construcción de la oposición proletaria al imperialismo europeo. 

Imprimir artículo