Las falsas conciencias burguesas, reveladas por la ciencia marxista

Habiendo analizado las bases históricas reales, económico-sociales de la Ilustración, Marx y Engels pueden escribir en La sagrada familia, de 1844, que si el materialismo cartesiano termina en la ciencia natural “otra orientación del materialismo francés desemboca directamente en el socialismo y comunismo”.

Karl Marx, en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, 1852: “Los héroes, al igual que los partidos y la masa de la vieja Revolución Francesa, cumplieron con traje y frases romanas, la tarea de sus tiempos, aquella de liberar de las cadenas e instaurar la moderna sociedad burguesa.  Una vez instaurada la nueva formación social, desaparecen los monstruos antediluvianos; y con ellos también la romanizad resucitada  las ilusiones burguesas de sus luchas”.


Arrigo Cervetto, en La difícil cuestión de los tiempos (Ediciones Science Marxista, 2010): “Si es lento el tiempo de desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad burguesa en formación en el seno de la vieja sociedad, aún más lento es el tiempo de la toma de conciencia. Pero cuando, al final de la tortuosa travesía de los siglos, la burguesía a través de sus representantes más intrépidos y libres de condicionamientos, alcanza el umbral de la ciencia aplicada a la sociedad, inmediatamente se retira porque ya se ha convertido en la clase dominante de la economía y de la política.  Ha llegado al análisis científico de las relaciones sociales precisamente en el momento en que se vuelve la más interesada en sus mistificaciones”.

“La concepción materialista de la historia se forma en la crítica y negación de la concepción idealista, característica de las corrientes burguesas reformistas, que ve la evolución teórica como un progreso. La concepción idealista y progresista de la historia, ha sido el arma ideológica que ha acompañado la ascensión de la burguesía en su victoria contra la aristocracia. También ha marcado sus tiempos psicológicos a lo largo de los siglos. Era natural que se difundiese en la pequeña burguesía y en el proletariado. Ironía de la historia es que la difusión máxima se produzca cuando, devastada por dos guerras mundiales, la gran burguesía internacional perdió cada vez más la fe en su progreso y llegó al cinismo de la democracia imperialista”.